lunes, 25 de octubre de 2021

Tanguero

Ataviado de azul navío, iba el tanguero hecho figurín

voz de cancionero marplatense y dialéctica lunfarda

como cadenciosa milonga al son del cénit nocturnino


Hechó sus suertes con fragantes grelas de corte ingrato
señuelo embustero, pagaron al tabernero con voz de nuria
reluciría garbo al desplegar un pavoneo de fino libertango

Con elegancia ha de romantizar el tango señorial
virando en la marchanta, abanicando su vocación
aún si se tornarse  aquel atardecer bonaerense
más pronto lo olvida si el gaucho se entrega al bohemio voleo

Pinta de dandi y alarde de cantor zorzal, lustroso traje
tal malevo embrujo de Gardel endulza oídos
divulgando la fama de gavión y su beguén romántico de fiera

abocándose a rumores de senda florida
donde rosarinas dan gala de sensualidad y coqueterías 
Su perfil de gallardía fanfarrón, un sibarita de féminas bellas
pues tan solo bailotea descorazonado al ritmo de un amurado 

Embelesado bajo sol de durazno y golondrinas
Tanguero americano, es un canchero de telos y cabaré
nacido entre tugurios animosos y humo de cigarrillos
idealismo de milonguero, majestuoso, distinguido 

- Jonathan Figueroa - 

sábado, 14 de julio de 2018

Luciana de Santa Ana

Luciana de Santa Ana

Luciana, a todas luces nuestra reina juliana
Una lucernaria me ilumina al versar tu nombre
Si bien sea solo un hombre ante tu sonrisa diáfana
Damisela santaneca, urbe que de belleza es meca

Tú con el cetro, tienes cierta historia entre tus dedos
Sería feliz si por cada hombre hubiera una como tú
Tigrilla, a quien escribo en esta lengua de Castilla
Siendo portentosa representas a mi ciudad morena

En fiestas patronales, tu lozanía inunda de matices primaverales
Tienes ángel que te da alas no solamente para ser la más linda
Haces vislumbrar con tu mirada, dulzura resguardada en tu alma

Ojalá vendiesen el embeleso de química contigo en una farmacia


Eres musa que admira a bocanada y suspiro el poeta
Cuyo pulso latía, inspirado por esa avasallante simpatía
De quien tal huracán, rompe corazones en Sihuatehuacán,
Colonia que esmaltas etérea con vivificante rocío de tu ser.

                                                                                                 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Regreso al día final del Colegio

“Regreso Al Día Final Del Colegio” (Relato de Sueño)












De vuelta a la época del colegio, en un sueño miraba todo vívidamente como si fuera ayer; sentí la ansiedad de cuando era estudiante y el pálpito se disparaba por la posibilidad de ver a Aurora. Concluido el devocional del bachillerato, siendo este el último del año en que se graduaba nuestra promoción; a la salida del auditorio, esperé tratando de divisarla… Me dí cuenta que tras dispersarse la multitud, no había señales de ella abajo de la pasarela de primaria ni por la cancha polvorosa de los partidos improvisados. Daba la impresión de que tocaría resignarme al sinsabor de una retirada, sería otra oportunidad frustrada.

No obstante, tras dar unos pasos, repentinamente me percaté que casi pasé de largo su silueta; de pronto sucedió, dí la media vuelta y ahí estaba, fue tal si avistase al arco iris. La chica había salido antes que yo; se encontraba platicando con cierta conocida suya y justo se despedía cuando fui a su encuentro. La saludé afectado por entusiasmo y una pizca de esperanza; ella aguardó por mí, uniéndose al compás de mi andado. Aunque ya decaía el atardecer, lograba aún distinguir el fulgor y verdor vibrante en el iris que ardía en su pupila, así pareciese casi todo el resto lucir en tono grisáceo, debido al efecto del oscurecer; mas yo me limitaría a ir caminando sobre las nubes junto a ella.

Esta vez tenía una intención que me consumía, la de confesarle mi sentir por ella. Buscaría excusas para seguirla viendo en el porvenir fuera de aquel instituto compartido. Manifestaría que nunca había añorado a una mujer de manera así de genuina y virtuosa como a ella, quien fue el génesis de mis romances. Dio origen a esa experiencia primeriza con el ímpetu del enamoramiento ingenuo, sin pretensión impura o intereses mundanos; habría de evocar naturalmente a la forma que tiene de querer y de la cual se sabe es exclusivamente capaz el corazón juvenil que nunca ha sido destrozado ni remendado.

Me esforzaba por hacerle reír, ya que disfrutaría al oír alegría reflejada en su reaccionar expresado durante esos instantes. Aurora, cuya faz contemplaba esta ocasión cristalinamente; al de nuevo advertir su presencia como hace tanto tiempo no la percibía. Era la de otra época, su cabello castaño con cola de colegiala entre el cual se colaba algún tenue rayo solar, sus ojos grandes y profundos se anclaban a mí. Así fuese efecto pasajero, enervaba su cercanía; el decoro en la suavidad de esa voz, cuya armonía se desenvuelve en su habla; e irónicamente me inquietaba hasta el punto de vivir trémula infatuación.

En ensoñación, veía nítidamente las instalaciones de mi Alma Mater, también de reojo a la falda cuadriculada, la albura de su piel, aquel monograma distintivo, el gancho de su pelo, su porte, su femenina forma de conducirse, el fatal entreabrir de sus labios rosa, en contraste con los demás tonos de su rostro falto de maquillaje, y a esa menuda blusa blanca. En ese encuadre, nos dirigimos hacia un área cercana al jardín de infantes, por la vecindad de mesas y áreas apacibles que solían estar desocupadas. A cierta distancia, pasamos  donde estaba un amigo mío, Henry Cartagena; quien yacía sentado en una mesa de la zona bajo la sombra de un árbol. No sé si después le hablaría, mas sí que él me vería en compañía de la figura inspirativa de mis versos y anhelos de edad tempranera.
  
Entonces, ella sonriendo preguntó sobre dónde podíamos sentarnos a conversar; sencillamente nos acomodamos enfrente de la grama. Todo anterior pensamiento o sensación en mí se interrumpió a raíz de un comentario suyo; intuí que ella se marcharía, por lo que pregunté si acaso era participe de alguna beca. Me contesto afirmativamente, añadiendo que además, su padre estaba trabajando en ese país (Luxemburgo), como oncólogo, donde  es significativamente costoso su servicio.

Inmerso en mi sorpresa, tan solo me atreví a sugerirle que estudiase conmigo alguna de las lenguas que se hablan usualmente allá; en esa lejana nación, como es el caso del francés, italiano o inglés. Aquella jovencita apreció el detalle de lo que ofrecí, con ese sobrio tacto, etiqueta y carisma que le caracterizaba. A pesar de tal fina sutileza, pude notar cuando de ella escapaba un leve y casi silenciado suspiro; se dibujaba en su semblante la incertidumbre. Quizás porque no sabía si sería posible que se concretara la propuesta; talvez por el desafío presagiado en su futuro, pero creo jamás habré de saberlo.

Luego, como si mi amigo supiera de su cruzada oceánica, buscando un destino mejor en otros rumbos; al fondo comenzó a emerger el sonido de la guitarra tocada por Henry, con la canción “Tu pirata soy yo”. Mientras tanto, veía a la chica suspendida en mutua encrucijada, con su mirada delicada; hoy tornada melancólica; robando el aliento, me volvió su fiel cautivo.

En plenitud de zozobra por la inminente partida, mis planes se truncaron y únicamente acordamos volver a vernos pronto en casa suya; le visitaría por vez primera. Me despedí de ella con nudo en garganta. Mas al mismo tiempo, parte de mi ser se llenó de expectación a causa de la latente oportunidad en la visión venidera de su mirad furtivo; así ocurra apenas una vez más.

Ella siguió su camino inescrutable, esos pasos se alejaban de mi lado; cruzando por la clase de química y el verde abundante del kindergarten, contiguo a los columpios y juegos infantiles; Aurora dejaba atrás no solo sus días del Colegio Bautista, sino al remanente de su adolescencia, el dulzor de bachiller, los años en que se experimentan un mar de despertares en vías de la adultez. Así se desvanecía el sueño más romantizado, sintiéndose real en demasía, tanto que dudo se repita uno igual en lo que me resta de vida. Imaginaré lo que pudo ser y no será. 

Jonathan Figueroa 

lunes, 10 de marzo de 2014

Fugacidad


Destello adentrándose en el pasado
pétalos cediendo a caricia alloviznada
subidones en auge del amor primerizo
agridulce marchitación de la inocencia

Fuente de dramatismo sensibilizador
inmermable curso del ciclo vitalicio
atesorable noción de la juventud finita
inerte lucha versus obsesión del tiempo

Búsqueda del significado intrascendental
consuelo para el vagabundo sin rumbo fijo
incontrolable pérdida de un nicho acogedor
desesperante voluntad por recuperar regocijo

Estado pasajero de nuestra nula inmensidad
victimaria propiedad en los sucesos del azar
indagación infructífera de un enigmático existir
recorrido que se aferra a ingenuo ideal del ayer

Enemigo incoloro de un obrador de sueños
escape del sentido implícito en la eternidad
aperplejante vertiente del tesón en proseguir
infortunio del justo y beneplácito del malévolo

Fugacidad, voraz tragaluz del apogeo humano
aquella ausencia de certezas implacables
persecución fallida de los clímax mundanos
ese rastro de memorias dispersas en la mar.

- Jonathan Figueroa -














miércoles, 11 de diciembre de 2013

Rememoración























El candor del ayer arrebata mi presente
reanimando sensaciones de otra época
confluyendo junto al ahora intrascendente
donde se tiñe y agudiza aquello mundano

Versos del ayer destilan tu melancolía
de matices desgarradores y agridulces
volviendo contemplativo este imsomnio
en alma voraz e insaciable de recuerdo

Trocarías tanto por revivir aquel flechazo
cuando fuiste enaltecido como trovador
reclamándole al vacío que dejó tu musa
por tu briaga ilusión todavía incumplida

Sombras nublarán la visión del porvenir
por túneles de una añeja instrospección
viajarás a la morada de añoranza sepia
entre galerías de instántaneas mentales

Rememoración que anhela premonición
y regresar al estrechamiento confortante
experimentado con ese ser aún ausente
que solía ver aquel gozo cálido y familiar

Cada memoria tal pluma caída en vuelo
dejó su fiel rastro, inclusive de lo nefasto
de subidones inquietos y fríos desdenes
cobijados bajo manto crepuscular tardío.


- Jonathan Figueroa -























































lunes, 25 de noviembre de 2013

Efectos de Tu Paso



Tú, una crisis sensorial que caló hondo
el desafio al superfluo pasar del tiempo
insolente esperanza a mil revoluciones
chisporroteas entre pasillos desolados

Eres tal la brisa colándose dentro mi coraza
pues vistes vulnerabilidad a flor de piel eriza
con la extraña fascinación de lo desconocido
que hace desbordar la inventiva de un tintero

Tú, la serena faz que guarnece un temporal
quien invocaba mi espíritu sin premeditación
entrañable enigma que me rehúso a resolver
por no marchitar de raíz la flipante conmoción

De tu delicadeza forjaré una fortaleza de paz
tras áureas luces de neón en noche taciturna
reimaginaré escenas en las que permaneces
ardiendo a fuego lento el romance de novicia

Como soplido desenpolvaste el sentir del ayer
ese mismo que creía sepultado con el silencio
resurgió insólito al plasmar este tenue concilio
latentemente furibundo tal artificio del corazón

Tu mirad refleja endurecimiento de la fragilidad
aquella de esos años de adolescente delirante
cuando gozó intocable entereza tu don de amar
corrió por tus venas la premura del vivir libertino.

- Jonathan Figueroa -



























viernes, 25 de octubre de 2013

Catalizadora de Ilusiones

Idealizaste magnificencia con adicción

fruto ansiado por espirítu desesperado
que levitó al ver rutilar tu buena estrella

sigilosamente absorto por un tenue ser


Era vibrátil la fugacidad de tus miradas
tal relámpagos hipnóticos y exorbitantes
inundan con su sútil inquietud placentera

hasta rozar las profundidades filosóficas


Se cuelan en tus cuencas mis lágrimas

se cristalizaron sueños sobre tus poros

te recitaron intensas frases en susurros

te dedicaron aún el último de los astros


Me di de bruces al evaporarse tu elixir
como garabato olvidado en una libreta
catalizadora de ilusiones, tejiste idilios
en encarnación de aureas amalgamas 

- Jonathan Figueroa -