Ella solía interpretar al son del tintineo lluvioso
de cada gota tocando su nota rítmica distintiva
sin amedrentarse ante intemperie tempestuosa
se erguía con delicada colocación de devoción
Ante una cruz trascendental vislumbraba cielos
asediada por nubes sombrías de sus dolencias
aguardando al divino despejamiento clarificante
y al sirimiri que pacificase el clima en su interior
Sosteniendo al violín agudiza su perceptividad
tal si se integrasen en arpegios empedernidos
cuando esa solista invita a su privado concierto
con panorámica teatral en las afueras citadinas
La damisela vistiendo boina y chaqueta de lana
sujeta con fineza de precisión al arco estilizado
vaivén rememorante del sube y baja existencial
infundiendo mansedumbre creativa a la redonda
Con su vehemencia impetuosa suelta al suspiro
solemne alusión a aquellos romances perdidos
a los días que no disfrutaron delicias de plenitud
a esa primavera suya que jamás llegó formidable
La violinista de la llovizna dice ser ánima febril
músico apasionada del instrumento de cuerda
va y envía composición a escuchas de sueños
perfilándose ella rutilante al claroscuro humano.
- Jonathan Figueroa -










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