encendiendo indeliberadamente aquel obstinado ingenio mío
cuando yo adrede intentaba lo irrealizable, en papel emularle
como si de forma casual se pudiese grabarle tan embellecida
Podría gastarse todo el grafito del mundo en mis intentos vanos
y no habrá número de lápiz que consiga plasmar aquella lindura
ni sombreado que pueda ilustrar la magia contenida en su mirada
si en el fondo yo sé cuánto cuesta expresar lo distinta que es ella
No consigo delinear su sonrisa con la espontaneidad que genera
tampoco trazar bien a la brisa que ondulaba su cabello al exterior
ni manifestar tal exquisitez de su encantamiento que deja cautivo
menos aún retratar la viva pureza de su ambrosía alimentándome
Su brillo propio no se cristalizará en ninguna hoja, lienzo o palabra
no quedará estampada su memoria en otro lugar más que la mente
pues su evocación es tan sentida cuando le veo al cerrar estos ojos
que el dibujarle produce una alusión halagadora pero incomparable
El deleitoso carisma de esa presencia rehúye al no escuchar su voz
sin lograr esbozar el lleno de su femineidad plena en algún bosquejo
porque se niega a perfilarse con la misma naturaleza fortuita de facha
no será igual que verle en persona, a todas luces de su auge colorido
Dibujando su rostro, saco ventaja si la dibujo mirándome hondo y fijo
aunque no esté conmigo la sublimidad de aquella ternura en sus ojos
ni siga presente el mismo rostro vanidoso que al hombre deja perplejo
si buscase inútilmente estudiarla, siendo ella una imponderable figura.
- Jonathan Figueroa -
















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