lunes, 9 de abril de 2012

El Pianista del Mar

A todo vapor desliza sus dedos sobre pianoforte
de cuerdas muy vibrantes con vocación clamorosa
compone fresquísima tonada al verla andar a ella
novia de su propia inocencia de arrecife tropical 

Se mece en soberbio oleaje de notas musicales
improvisa e inspira con profundidad marítima
tentado por la ciudad y prefiriendo alta mar
nobleza oceánica irradia a costas auditivas

Toca a ritmo del impulso y compás impredecible
embarcado en ese vals del amor a primera vista
no abandona aquel velero surfeando marea lunar
acompañandose de bellos instrumentos de viento

Mantiene toque pacífico sobre inmenso atlántico
cuyas aguas son de elegancia curvilínea y pulcra
siguiendo las eminencias de partituras clásicas
está anclado a unos náufragos sonidos de coral

Cadente travesía entre mares del sur y el norte
intercontinental rumbo de virtuoso escabullante
de inquieta sed sin brújula de celeste singladura 
que guíe al caballero orquestrante de rapsodias

Odiseas existenciales se contonean ondulantes
por teclas de pianola rompiendo olas rítmicas
reflejando un gran astro en llamas luminarias
sintiendo la voz secreta de la mar de leyenda

El pianista del mar es hijo de poeta marinero
apadrinado por trópicos, muelles y penínsulas 
a cuales ofrece piezas maestras como obsequio
junto a las multitudes bailarinas surcando rutas

Lobo del mar en habilidosa postura de solista
con tragaluz atraes fosforescencias a penumbra
ves al oceáno en vez primera cambiar su color
presenciando evanescencia de grácil precisión

Abordas ciclos de vida con tu lenguaje universal
mediante piano de pálpito navío e ímpetu citadino
donde haya fieles tripulantes de clandestina paz
atendiendo citas relámpago de clavicordio sagaz

Burbujeantes espumas viajan a sitios de remanso
hasta triunfal perfección de su panorama marino
beneplácito rejuveneciente del crucero bamboleo
inmóvil frente a ese ingenio de leguas azuladas

El divo gondolero arremete al anidar tus oídos
ahondando sobre una acicalada sinfónica diluviante
que halaga apremiante y suspirante a tal seducción
sumergida en la sublimidad trompetista de prodigio

Suscita un concierto ante claroscuros humanos
al domar percances moribundos, pronto cosecha
ese vigor tan escalofriante de su arte vertiginoso
cuya fascinación encandilante ya solfea melodías.

- Jonathan Figueroa -















 
 
 
 
 

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