de vestimenta a la francesa, contrasta con su porteño barrio
empleando un dialecto lunfardo y marplatense en su hablar
como una cadenciosa milonga en la madrugada del desvelo
Hechó sus suertes con las grelas a veces ingratas de su área
matizándose con garbo sombrero y pañuelo blanco al cuello
al desplegar pavoneo fino y luminoso en sesiones tangueras
por las que llegó a ser reconocido en reino del compás latino
Cantó al crescendo del arrabal continuamente emergiendo
en la unión sobrenatural del prestigio y precariedad de guita
abocándose a rumores de senda florida en bailes populares
donde las rosarinas dan gala de sensualidad y coqueterías
Devoto al romantizar distinguido libertango con su elegancia
él va virando al irse a la marchanta, abanicando su vocación
aunque así se vuelva nostálgico aquel atardecer bonaerense
más pronto lo olvida si el gaucho se entrega al bohemio voleo
Tiene pinta de dandi, trajeado con un alarde de zorzal cantor
como ese embrujo gardelista que todavía endulza los oídos
a pibas lunfardas taconeando en giros de marchas triunfales
divulgando la fama de gavión y su beguén romántico de fiera
Su gallardía de alto perfil hace parecerle fanfarrón de farolito
pero falto de malevos contendientes que desafíen tal bacán
pues tan solo bailotea descorazonado al ritmo de un amurado
como trasnochador del imsomnio voluntario en la cantina fría
Las propuestas indecorosas de su morocha son turbulencias
que repasase el vago chabón bajo la luz llamativa del candil
obviando esa amargura de no tener morlacos por malagüero
vaticinando afanamientos con aquel señuelo de un embustero
Los arrabaleros enfundados de mandolinas le acompañaban
a ese valentón chamuyando unas minas en dedicadas trovas
cuando retaban a bravucones por los boliches pendencieros
y terminaban pagando al tabernero con aquella voz de nuria
Los orilleros se embelesan bajo sol de durazno y golondrinas
tal compadres al escuchar pintorescas invenciones del tango
aún si a ratos fuese un tanto trucho, el entorno de su recinto
cuando desentrañan el desdén de desamores con su locura
Tanguero americano, es todo un canchero de telos y cabaré
nació entre tugurios animosos, oliendo el humo de cigarrillos
pues en lo infímo surgió su peculiar idealismo de milonguero
siendo galán de una guapa que espera el día que la quieras.
- Jonathan Figueroa -













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